César Lago presenta Movimiento 0002, una instalación inmersiva que interviene el Palacio Molina y recupera simbólicamente el pulso de uno de los grandes polos industriales de Barracas. La experiencia sensorial se despliega en tres puntos de la fachada y los interiores del edificio para invitar al público a escuchar, respirar y sumar sus propios sonidos a la experiencia.
El complejo de la ex fábrica de Alpargatas fue uno de los centros de la actividad industrial porteña. Después del cierre llegó el abandono, perdió su impronta fabril y quedó en el olvido. En la nueva edición de Casa FOA, el artista visual y performático César Lago retoma aquel oxígeno original y lo convierte en materia para una instalación que plantea una imagen concreta: un edificio que vuelve a respirar.


Movimiento 0002 x César Lago propone recorrer el Palacio Molina como si se tratara de un organismo que despierta. Como un edificio con sus alvéolos y bronquiolos a gran escala, materializados en grandes estructuras de PVC translúcidas. La intervención se infla y se desinfla, atravesando visualmente la arquitectura y transformando las marcas del deterioro en puntos de intercambio y circulación de oxígeno.
Las grietas funcionan como membranas; el movimiento reproduce un ciclo respiratorio y el sonido acompaña ese pulso.
Inhalar Exhalar
La intervención parte en la fachada del edificio donde el organismo celeste, orgánico, crea una curiosidad desde varias ventanas. ¿De qué se trata este dispositivo que trepa por las viejas paredes de la ex fábrica?
Entrar al espacio de la Planta Baja de la exposición implica tomar contacto con la propuesta artística de Lago, que el año pasado se alzó con el Premio a la Mejor Instalación artística, por Avalancha, una intervención que resignificaba su propia historia de vida.
César Lago recreó un episodio dramático –quedó sepultado por una avalancha de nieve—a través de una puesta site-specific inmersiva.
Así, el artista repasa en esta nueva instalación buena parte de su exploración. Esta vez, con un dispositivo XXL, inflable y suspendido en un recorrido pensado como una secuencia que va del umbral y el encuentro a la sincronización, la contemplación y la salida.
Pero la experiencia no termina ahí. El público también puede participar y dejar su propia huella sonora, grabar sonidos, sumar su respiración a las capas de audio que diseñará Nicolás Sorín con el material recolectado.
Arquitectura, cuerpo y respiración
La instalación incorpora conceptos vinculados a la neuroarquitectura, la disciplina que estudia la relación entre los espacios y las respuestas de quienes los habitan. En la propuesta, la luz azul, la penumbra, el sonido envolvente y el movimiento acompasado trabajan juntos para generar una experiencia sensorial. La investigación aporta las claves para entender qué pasa cuando el ser humano observa una estructura que se infla y se desinfla a un ritmo pausado.
El objeto escultórico que respira suma otra referencia: sus ramificaciones remiten al árbol bronquial, pero también a raíces y ríos. El contraste entre el PVC translúcido y la materialidad industrial del edificio refuerza esa convivencia entre un cuerpo vivo y una arquitectura que conserva las huellas del tiempo.
La obra invita a detenerse, a escuchar el ritmo de la propia respiración y bajar un cambio entre tanto estímulo.




