
En su primera colaboración en Artlab, las diseñadoras Heidi Jalkh y Nadya Suvorova presentan esculturas cinéticas impulsadas por materiales que no solo se mueven: reaccionan. Con ello, demuestran que la llamada “materia pasiva” está lejos de serlo.
A lo largo de la historia, hemos considerado los materiales como algo inerte. Tallamos la madera, forjamos el acero, moldeamos el plástico. Nosotros actuamos y la materia obedece; la entendemos como una herramienta al servicio de nuestra intención. Pero ¿qué sucede cuando la materia deja de obedecer y empieza a manifestar comportamientos propios?
Interacciones Materiales es un proyecto conjunto de Heidi Jalkh (AR) y Nadya Suvorova (CH). Una exploración hipnótica sobre la agencia material 一 la idea de que la materia no es solo un elemento constructivo, sino un participante activo en el proceso de diseño.

La exposición reúne materiales emergentes desarrollados en laboratorios de Suiza y Argentina y los convierte en esculturas cinéticas que se sienten menos como máquinas y más como organismos expresivos. No se trata simplemente de robots que ejecutan secuencias programadas, sino de protagonistas reactivos que responden a la proximidad, la atención y el tiempo.
El espacio expositivo se transforma en un escenario habitado por distintas entidades, cada una fabricada en torno a una propiedad material específica.Una membrana autónoma blanda se adapta mediante una contracción hacia el adentro, similar a la de un tatú carreta, elevando un objeto únicamente a través de la forma. Cerca de él, espumas metálicas atrapadas en campos magnéticos rotatorios parecen desafiar la gravedad, realizando una “caminata lunar” sobre planos verticales en una danza ingrávida.
La escala cambia cuando el público se encuentra con una alfombra magnética de cilios de silicona: diminutos filamentos que se curvan de manera colectiva para transportar objetos sobre una superficie ondulante, evocando los sistemas microscópicos de transporte del cuerpo humano. En otro lugar, un hábitat tambaleante sirve de cuna para el crecimiento fúngico, mientras que una esfera biocerámica hecha de conchas marinas forma cuerpo geométrico mediante un ensamblaje modular.
Expandida por una instalación audiovisual inmersiva, Interacciones Materiales redefine cómo experimentamos los materiales, el movimiento y el espacio. La expansión auxética y el biocrecimiento ya no son comportamientos confinados al laboratorio, sino que se presentan como fenómenos físicos y sensoriales.
En esencia, el proyecto plantea una pregunta: el proyecto pregunta qué nuevos objetos y relaciones se vuelven posibles una vez que reconocemos que la materia puede sentir y responder. Trabajando en la intersección de la ciencia de materiales, la biología, la ingeniería, el diseño y el arte, Heidi Jalkh y Nadya Suvorova desafían una perspectiva antropocéntrica, reformulando el umbral de lo que significa estar “vivo”.
En Artlab, los sistemas materiales han dejado oficialmente las placas de Petri y las mesas de laboratorio atrás. Ya no son testigos silenciosos: coexisten con nosotros. Y tienen mucho que decir.

Obras presentadas en la exposición
Cada escultura cinética integra materiales innovadores provenientes de laboratorios suizos y argentinos, dotados de forma y agencia comportamental. Este enfoque transdisciplinario va más allá de los autómatas mecánicos tradicionales para explorar una nueva especie de diseño: una en la que el alma del objeto se encuentra en el propio material.
Como personajes con su propia lógica y voz, estas pequeñas criaturas existen en un estado potencial, activándose únicamente con la presencia del visitante. A través de una interacción desencadenada por la proximidad, responden a los humanos en un diálogo no lineal de movimiento y espacio. La materia ya no es un testigo silencioso, sino un participante activo en un entorno compartido.

BM.01 / Unir, 2026
Heidi Jalkh and Nadya Suvorova
Material: Conchas marinas trituradas ( cholgas, navajas y ostras) con biopolímero de algas.
Origen del material: Ultramarinos (AR)
Pieza por pieza, esta esfera-rompecabezas cobra existencia. Fabricada con biocerámica de conchas marinas, moldeada a temperatura ambiente, fragmentos de lo antiguo se unifican mediante un aglutinante de algas. Tres módulos entrelazados que una vez unidos, forman una geometría perfecta: una orbe reimaginada capaz de rodar, detenerse y recuperar su equilibrio.
MG.02 / Crecer, 2026
Heidi Jalkh and Nadya Suvorova
Material: bioaglomerado de micelio de Pycnoporus sanguineus and Ganoderma lucidum
Inoculación del hongo: Dr Leonardo Majul (AR), CONICET
En un movimiento suave, este hábitat tambaleante acuna un mundo vivo en su núcleo. Dentro de este vientre cinético, el hongo se expanden lentamente y se entreteje, nutriendo un cuerpo compartido en expansión. Lo que comienza como un simple recipiente se convierte en un santuario silencioso donde la vida se congrega y crece siguiendo el pulso de una forma en constante transformación



