
Rioba Bodegón desembarca en Palermo Viejo con una cocina basada en la tradición local, con platos abundantes, servicio cercano y un lugar que combina estética histórica con una puesta contemporánea, pensado para compartir y disfrutar.
Ubicado en Palermo, frente a Plaza Armenia, Rioba se presenta como un bodegón actual que recupera el concepto de abundancia, el servicio clásico y la cocina típica porteña, en una propuesta que combina una estética cuidada con una ambientación de raíz histórica. Inaugurado a principios de enero, el proyecto toma como punto de partida el espíritu del bodegón para adaptarlo al contexto del barrio, con una identidad que articula lo tradicional y lo contemporáneo . En ese sentido, su nombre —Rioba, barrio en lunfardo al revés— sintetiza ese vínculo con lo local y funciona como eje conceptual de una marca con proyección dentro del circuito gastronómico porteño.

El espacio traduce este concepto en una ambientación que reinterpreta los bodegones de las décadas del 60 y 70 desde una mirada actual. Desde la fachada, con madera y amplias puertas vidriadas abiertas hacia la calle, el salón principal se organiza con mesas vestidas con manteles blancos y, sobre estos, manteles a cuadros rojos, piso de damero y paredes con ladrillo a la vista . A estos elementos se suman fotos en blanco y negro con emblemáticas escenas porteñas, pingüinos para el servicio de vino y detalles vintage que construyen una identidad reconocible, junto con una barra lateral en madera, espejos de líneas curvas y elementos con guiños que aportan continuidad al concepto estético. La iluminación combina luz natural durante el día con luminarias ‘galponeras’ y puntos cálidos por la noche, mientras que la capacidad —de aproximadamente 100 cubiertos— se distribuye entre planta baja, un entrepiso con balcón interno, una linda terraza techada con vista a la plaza y mesas para parejas o grupos, y una vereda al aire libre.

Rioba destaca con un servicio de mozos uniformados con chaleco, moño y delantal, que ofrecen un trato cercano y refuerzan la hospitalidad del lugar. No se cobra cubierto y la experiencia comienza con una recepción que incluye un aperitivo de cortesía —vermut, pan y salchichitas con mostaza—, a lo que puede sumarse un limoncello al finalizar el recorrido.
La propuesta gastronómica mantiene el foco en la cocina porteña de impronta casera, con platos abundantes pensados para compartir . Las milanesas —producto estrella— se presentan en formato gigante, con versiones como la clásica, la napolitana y la suprema Maryland, acompañadas con guarniciones y pensadas para varias personas. Entre las entradas frías se destacan preparaciones como matambre arrollado con ensalada rusa, lengua a la vinagreta y vitel toné, junto a una picada de la casa con fiambres y quesos tradicionales. En el apartado de entradas calientes aparecen buñuelos de acelga con alioli, gambas al ajillo con pan brioche, tortilla de papas con chorizo colorado, provoleta grillada y mollejas al verdeo, además de rabas y bombas de papa.

En la sección de principales, las carnes se presentan con cortes como bife de chorizo, asado banderita, costillitas de cerdo a la riojana y carne al horno de larga cocción —hasta 10 horas— que se desarma al servir, junto a opciones de pescado como la trucha a la manteca. Las pastas caseras también forman parte de la identidad del lugar , con alternativas como ñoquis, cintas, sorrentinos de jamón y mozzarella y ravioles de ricota y espinaca, combinables con salsas como tuco, estofado, pesto o crema de hongos. Cada 29, los ñoquis se presentan en formato especial tipo “picada” (albahaca, papa y morrón asado), acompañados por salsas pesto, fileto y de hongos, además de panera y dos porrones de cerveza tirada. La carta se completa con risottos —como el de hongos o el de calabaza con queso azul—, guarniciones y ensaladas.
El recorrido se completa con una sección de postres típicos de la tradición porteña . Entre las opciones se encuentran preparaciones como flan casero, budín de pan, panqueques de dulce de leche y arroz con leche, junto a alternativas que incorporan helado en formatos pensados para compartir, como el panqueque de manzana al rhum con helado de canela— y la copa helada de la casa, que combina ensalada de frutas, bochas de helado a elección, crema, salsas y obleas.

En materia de bebidas, Rioba incorpora un diferencial en el segmento: bebidas tiradas como sidra, vermut y tinto de verano, disponibles por vaso o en formato de mesa, junto a cerveza tirada y una selección de cócteles populares como Aperol spritz, gin tonic, fernet con cola o Campari con naranja. La carta de vinos mantiene un perfil clásico, con etiquetas de bodegas como Luigi Bosca, Finca La Linda, Álamos, Nicasia, Saint Felicien y Catena, disponibles en botella o por copa, y servicio en pingüinos que refuerza el guiño bodegonero. La oferta de bebidas se completa con opciones sin alcohol y una sección de cafetería.
Con esta propuesta, Rioba Bodegón se posiciona como una alternativa dentro de la escena gastronómica porteña que recupera el espíritu del bodegón desde una mirada actual, combinando cocina de base clásica, servicio cercano y un espacio pensado para disfrutar sin formalidades.
RIOBA BODEGÓN
Dirección: Costa Rica 4588, Palermo (frente a Plaza Armenia)
Horarios: lunes a jueves de 12 a 00 h | viernes y sábados de 12 a 01 h
